A diferencia de muchos otros bailaores, aprisionados por los corsés de una tradición que les maneja a ellos y no al contrario, Titi Flores ha compaginado su rigurosa pasión por el baile flamenco con estudios de ballet clásico y acercamientos a otras disciplinas de expresión corporal como el trapecio o el malabarismo, algo que, en los detalles, ha acabado aportando un matiz diferencial a su portentoso sentido del ritmo.
Todo este eclecticismo formativo no significa que Flores se aleje de lo más estricto y vital del baile flamenco. El bailaor gaditano se curtió desde niño en la academia de Baile 'Cristóbal, El Jerezano' y tardó muy poco en compartir escenarios con talentos de la inmensidad de Camarón de la Isla, Paco Toronjo, Aurora Vargas, Chiquetete o Turronero.
Además de visitar los tablaos más señalados de medio mundo es, como no podía ser de otra manera, un habitual de los madrileños. Entre ellos, el que nos ocupa: el mítico Corral de la Pacheca, en el que estará dando muestras de su arte durante todo el mes de marzo.