Hace ya más de un siglo que las teorías que Sigmund Freud construyó, a partir de su práctica clínica, desafiaron los modelos desde los que la cultura europea había contemplado tradicionalmente al ser humano: su desarrollo, las motivaciones de su comportamiento y las construcciones de la cultura. La obra de Freud representa -y ésta es su principal grandeza- una crítica radical a una concepción bienpensante e ingenua del ser humano que se sustentaba en una suerte de sentido común occidental, y que no la ha sobrevivido.
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