Bill Callahan es, sin duda, unos de los artistas más importantes y respetados de las últimas dos décadas, desde sus años como Smog hasta la actualidad, cuando es capaz de entregar una de sus mejores obras, Sometimes I Wish We Were An Eagle, y hacerlo parecer fácil. Un precioso despliegue de melodías que sobrevuelan un paisaje que crece de forma orgánica; un tapiz musical del tiempo compartido y de los rincones temporales de la soledad en pareja. Desde lo alto de su silla de montar, con una bolsa de Big League Chew y sus nuevas dulces melodías en el remolque, el cantautor americano se manifiesta un hombre natural y conduce su rebaño hacia espacios sonoros rodeado de músicos de primera categoría. De forma más personal que nunca, con su guitarra melódica y sus historias salvajes en rotación, Bill Callahan teje ficciones que, a través de un sonido verde y brillante de pantalla panorámica, permiten acceder con profunda expresión y mirada gentil e inspirante a aquello que llamamos alma. Quizás no podremos garantizar que el idilio que esperamos nunca llegue a su fin, pero sí asegurar que Bill Callahan en directo volverá a hechizarnos.
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